—¿Oriana? ¿Estás bien? Tu cara parece un tomate de lo roja que está —preguntó Jax desde su asiento.
¿Y cómo no iba a estarlo después de ver a esa garrapatosa pegarse tanto a él como si tuvieran una confianza íntima de hace mil años?
Suspiré para calmarme, no tenía que demostrar lo...