Cuando llegué a la entrada de la oficina, me topé con dos hombres de seguridad pendientes de la puerta, estaban armados y con una expresión seria en sus rostros.
Supuse que el asunto se volvió serio y que por fin sería el final de Agatha.
—Nombre —hablaron al unísono.
—Eh, Ximena Foster —respondí.
—Tienes...