—Estás loca, de verdad. ¿Cómo puedes meterte con mi hermano? ¿Es que no te da asco? —cuestionó Dante, arrugando la boca y sin poder creerlo.
Se marcaban las arrugas de su frente por lo fruncida que estaba al hablarme. No me importaba ya lo que él pensara de mí. Era hora...