Esther trató de quitar un poco la goma de mascar, pero León no se quedaba quieto.
— No te muevas — le dijo ella y el hombre bufó.
— No puedo creer que hicieras eso, ¿Tienes diez años? — Esther no podía dejar de reírse.
— Lo siento, no creí que se enredaría...