—Eufemia…despierta…tu sangre te llama…busca a Jerome…búscalo…tu sangre te llama… —
El sol golpeo repentinamente su rostro. Sus ojos grises, acostumbrándose a la luz, se abrían para ver aquella habitación desconocida. Una lágrima se derramo y tocándose la mejilla, Eufemia no comprendió porque estaba llorando.
Jerome.
Aquel nombre, aquella misma mujer rubia que una...