—¡Quémenlo todo! ¡Que de ese maldito edificio no queden ni las cenizas! — ordenó el Beta traidor.
Aquel incendio se había extendido, y al interior de ese edificio, todo estaba en llamas.
—¡Salgamos de aquí! ¡Rápido! — gritaba Adara mientras corría sosteniendo a Eufemia por el hombro.
—Me…duele… — se quejó Eufemia intentando...