Versión del alfa Edward
“¿Qué dices que me compraste?”, pregunto furioso.
“Te compré una luna, hermano, y lo siento mucho, pero el trato ya está hecho. Además, teníamos que tener bajo nuestro control a esa manada, justo como Dean lo quería”.
Dean es un licántropo alfa que me odia porque asesiné a su padre en un duelo. Ese anciano vino aquí, trató de intimidarme y me desafió para apoderarse de mi territorio.
“¿Y de qué manera esa manada inútil va a ayudarnos? Son insignificantes”.
“Sabes bien que ese territorio es sagrado y que ninguna manada puede pelear ahí, por lo que, tenerla a nuestro cargo, nos da ventaja. Evelyn dijo que Dean también quería apropiársela, y que ya les había ofrecido grandes beneficios”, afirma suspirando mi hermano, Jamal.
“¿Y en qué ayuda la chica?”, gruño.
“Ella consolida el acuerdo, ya que es la hija del alfa”.
“Oh, vamos, Jamal, podríamos habernos apropiado de ese territorio sin tener que hacer todo esto”, le digo en tono burlón.
“Sí, lo sé, pero la ex luna me rogó que los protegiera y, como ella era una gran amiga de nuestra madre, no pude negarme”.
Ante sus palabras, gruño y golpeo con tanta fuerza mi escritorio, que lo rompo por la mitad. No puedo creer que haya hecho eso.
“La manada necesita una luna”.
“Podía elegirla yo solo”.
“Sabes bien que no lo harías”.
“Porque no necesito una luna”, le respondo en tono firme.
“¿Acaso no entendiste lo que te dije sobre el territorio sagrado? Bueno, de cualquier forma ya la compré”, comenta él encogiéndose de hombros e indiferente al hecho de que trajo a una mujer que no quiero. No obstante, Jamal es mi hermano y el beta, siempre ha tenido buen juicio y sabe lo que es mejor para la manada, así que si él cree que esa mujer es buena, me quedaré con ella. Sin embargo, ella será mi luna solo de nombre, pues nunca aceptaré nada más.
“De ahora en adelante, la chica será tu problema, yo no haré nada por ella”, declaro, pero al llegar a la puerta me doy la vuelta y sonriendo agrego:
“Aunque tal vez pueda sacar provecho de mi dinero, si la f*llo un par de veces”. Entonces le guiño un ojo a Jamal y salgo de la habitación, dejándolo estupefacto por mis palabras.
Acto seguido, me transformo en mi enorme forma de lobo y salgo a toda prisa hacia el bosque, recordando lo que pasó la vez que me preocupé por una chica. Ella no solamente me fue infiel, sino que también planeaba asesinarme, haciendo que, desde entonces, jurara nunca volver a amar a otra mujer.
Ya en la noche voy a mi habitación, pero para mi sorpresa, encuentro a la p*ta de la manada, Candace, d*snuda sobre mi cama. Entonces, al tiempo que la jalo del tobillo para acercarla a mí y, con fuerza, meto mi p*ne erecto sobre su v*gina, le tapo la boca con mi mano, ya que no quiero que comience a gritar estupideces.
Versión de Caliana
Levy, quien es mi mejor amigo desde la infancia, me acompañó en el camino hacia mi nueva manada, llamada Golden Stone. Los hermanos Chasia no pudieron venir por mí y solo enviaron un automóvil y un chófer a recogerme.
“Se dice que los miembros de la manada Golden Stone son groseros e inhumanos como sus líderes”, me dice. Ya sabía yo que ellos se consideran a sí mismos licántropos dorados, una especie bastante rara, y que son los más fuertes en kilómetros.
Suspirando, comento en tono sarcástico: “Se llaman a sí mismos dioses del oeste”.
A través del espejo retrovisor, me encuentro con la mirada del chófer y veo que sus labios se curvan en una expresión siniestra. Eso hace que mis ojos se abran de par en par, por lo que, de inmediato, presiono un botón negro para poner una barrera entre nosotros.
“¿Por qué finalmente hoy decidiste ir con ellos?”.
“Encontré mi equipaje afuera de la casa, no tuve alternativa”, le respondo en tono burlón.
“M*ldita p*rra”.
Levy toma mi mano y trata, sin éxito, de alegrarme el resto del camino. No puedo estar feliz al tener que dejar mi hogar para ir a vivir al lado de un hombre cruel.
Aunque me siento bastante triste, le dedico una sonrisa forzada a Levy y él me la devuelve. Cuando por fin llegamos a la manada Golden Stone, el chófer nos abre la puerta de la limusina y bajamos.
“¿Estás segura de que no puedo quedarme, Cali?”, me pregunta Levy mientras mira asombrado la mansión, la cual es la más encantadora y grande que haya visto en todos estos años.
“Creo que no, además Evelyn se enfadará”. Entonces me despido de mi amigo con un beso en la mejilla, lo acerco con delicadeza al auto, y cuando está dentro, él asoma la cabeza por la ventana.
“Cuídate mucho, y por favor, llámame cuando quieras, haré hasta lo imposible para apartarte de su lado”, me promete, y yo sonrío, sabiendo que él de verdad puede lograrlo si se lo propone. Levy es un hombre decidido, y me ha protegido desde nuestro primer día en el jardín de niños.
“Lo sé”.
Acongojada, miro cómo la limusina poco a poco se aleja de la entrada y empiezo a sentir que las lágrimas amenazan con derramarse nuevamente. No obstante, respiro hondo y fuerzo una sonrisa, pensando que ahora este será mi hogar, y que debo hacer que mi estadía sea agradable y, a la vez, útil para mi manada.
A cada paso que doy, siento cómo mi corazón late con fuerza y de repente me pongo sentimental. Extraño como nunca antes a mi papá y pienso que, de él estar vivo ahora, nada de esto estaría pasando. De pronto, siento que una mano tira de mi falda y miro hacia abajo. Se trata de una hermosa niña de no más de cinco años que me sonríe.
“¡Hola!”, me saluda y, de inmediato, me conmueve, haciendo que toda la tristeza que sentía desaparezca. Entonces me arrodillo para acariciar su cabello rubio.
“Hola”.
“¿Eres Caliana?”. Asiento con la cabeza en respuesta y ella sonríe, provocando que mi corazón se derrita, ¡es demasiado tierna!
“Mi tío dijo que vendrías”. Parecía como si la pequeña quisiera decir algo más, pero de pronto algo atrajo su atención e hizo que se iluminaran sus grandes ojos azules.
“¡Sparkles!”. Sigo la mirada de la niña y veo a un felino blanco y esponjoso, que de repente corre, la niña va tras él a perseguirlo.
“Hola, señorita Meyers”. Cuando me pongo de pie, veo a una mujer de mediana edad, cuya mirada afirma que es ella quien dirige la mansión. Tiene el rostro serio, el cabello recogido en un moño impecable, y trae puesta una blusa blanca, una falda azul marino y tacones altos, que, en conjunto, la hacen lucir bastante elegante.
“Hola”.
“Me llamo Lena y dirijo la casa, luego le daré un recorrido por ella, pero por ahora, sígame por favor, la llevaré a su habitación”. Su voz es neutral pero educada.
Entonces miro mis maletas que están detrás.
“Pediré que se las lleven”. A continuación, sigo a Lena y entro a la mansión, impresionándome al ver lo elegante y divina que es. En el camino, nos encontramos con algunos sirvientes, quienes, vestidos con uniformes, me saludan con cortesía haciendo una reverencia.
Mientras sigo a Lena hasta el tercer piso, el hueco de mi estómago se hace cada vez más grande.
“Se quedará en la suite del alfa. Haré que traigan sus pertenencias en unos minutos”, comenta, al tiempo que señala la gran puerta que está frente a nosotros.
“¿Por qué en la suite del alfa?”.
“Porque está aquí para ser su luna, señora”, me responde, inclinando ligeramente la cabeza, confundida.
Trago saliva, ya que nadie me había informado sobre eso. Pensaba que solamente vendría a trabajar o algo por el estilo, ¡pero jamás pensé que vendría aquí como su luna! ¡Sería la luna de Edward Chasia, la luna de la manada más peligrosa y poderosa del territorio occidental!
Justo ahora, mi loba recuerda que Evelyn mencionó algo sobre satisfacer los deseos s*xuales del alfa. Al pensar en aquellas palabras me estremezco, ¿cómo pudo ser tan indiferente con ese tema?
“Disculpe, señora, me necesitan urgentemente en la cocina, pero enviaré a alguien para que la ayude”.
Cuando Lena se va, lentamente y con mucho cuidado, abro la puerta, y me llevo la sorpresa de mi vida al ver a una pareja teniendo s*xo apasionado en la cama. Al tiempo que ellos g*men de placer, yo me quedo en mi sitio, atónita.
No es hasta que cambian de postura, que notan mi presencia y se detienen. La chica se cubre el cuerpo con una sábana y el hombre solo luce molesto, pero al mirarme con sus ojos oscuros parece querer matarme. Justo entonces, mi loba dice la palabra:
“Compañero”.