Al notar que a mi costado la cama se hundía, supe que había alguien en mi habitación. Creía que estaba soñando, pero cuando sentí unas cálidas manos sobre mi cuerpo me di cuenta de que estaba equivocada. De un salto, salí de la cama, encendí la luz y vi que era mi hermanastro Vince quien, de nuevo, estaba borracho.
“Largo”, le ordené molesta. Sin embargo, él solo sonrió, se aproximó, me tomó de la cintura y me atrajo hacia él, haciendo que me estremeciera. Luego comenzó a besarme por la fuerza en el cuello y, aunque traté de resistirme y clavé mis uñas en su piel, no logré impedírselo, ya que era demasiado fuerte para mí. Acto seguido, mientras yo estaba hecha un mar de lágrimas, él me tomó del cuello, me arrojó con fuerza sobre la cama y se colocó sobre mi cuerpo, sujetando mis manos sobre mi cabeza para impedir que me moviera.
No obstante, aunque pataleé y grité hasta el cansancio, nadie vino a rescatarme. Entonces, de repente y en un instante, surgió mi loba interior, quien soltó un gruñido tan potente, que hizo vibrar las paredes. Vince se quedó paralizado, me miró lleno de miedo, y al final, bajó de la cama y fue a toda prisa hacia la puerta.
“Pero si… tú. Yo… creía que no tenías… una loba”, comentó tartamudeando. Siempre supe que tenía una loba, pero no le había contado a nadie, porque sabía, que de hacerlo, me matarían. Mi padre había muerto hacía tres años, y desde entonces, mi hermanastro y mi madrastra se había hecho cargo de la manada. Pero estaban tan sedientos de poder que se atrevían a hacer cualquier cosa para conservarlo, incluso si tenían que deshacerse de mí, la heredera de mi padre, lo harían.
“Fuera de mi habitación, Vince”, le ordené, usando mi tono alfa, y en cuanto terminé de decirlo, mi hermanastro se fue a toda prisa y yo suspiré aliviada. No obstante, sabía que muy pronto se les ocurriría un nuevo plan para eliminarme, ya que representaba un gran riesgo para ellos.
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“¿Cómo que me vendiste a ese alfa cruel?”, exclamé, mientras miraba estupefacta a mi madrastra. Gruñendo, ella simplemente cerró los ojos, indiferente, como si no acabara de darme una noticia tan impactante.
“Necesitamos dinero para pagar nuestras deudas, y bueno, ya sabes, tú eres bonita”, me respondió, encogiéndose de hombros.
Tras la muerte de mi padre, la manada sufrió una gran pérdida financiera provocada por mi madrastra Evelyn, o “la bruja” como yo la llamo. No es nada buena administrando las finanzas, ya que suele usar el dinero de la manada, para consentirse con diamantes. De la misma forma, la empresa también ha perdido socios, quienes se niegan a trabajar con nosotros debido a personalidad de la bruja, indiferente y orgullosa, por lo que, al retirarnos su apoyo, nos convirtieron en un objetivo para los maleantes.
Al mirar a mi hermanastro, quien estuvo a punto de ab*sar de mí anoche, me doy cuenta de que no parece avergonzado por lo que hizo. Él me odia y hará hasta lo imposible para que me vaya, incluso venderme al peligroso Edward Chasia, quien es un poderoso alfa de la región oeste. Se dice que es el primo del rey licántropo, y que él y sus tres hermanos son asesinos despiadados, que invaden y se apropian de manadas que no son lo bastante fuertes para defenderse. Justo esto fue lo que le dio su título de, “el alfa cruel”.
Solemnemente, afirmé: “Me niego a hacerlo”.
Pero mientras me miraba, Vince me respondió: “No tienes otra opción”.
“No pueden venderme, lo prohíbe la nueva ley que aprobó la reina”. Hasta hace poco, las mujeres podían venderse al mejor postor en negocios y alianzas, pero eso dejó de pasar cuando la Reina Anaiah llegó al poder.
“La ley es algo que me tiene sin cuidado, pero ¿de verdad permitirás que todo el trabajo de tu querido padre se vaya a la basura solamente porque te niegas a estar con el alfa Edward?”. Esta bruja me estaba haciendo sentir culpable, pues sabía lo mucho que amaba a mi manada. ¡Mis padres la habían formado desde cero!
“Es bastante fácil, todo lo que deberás hacer es satisfacer las necesidades s*xuales del alfa, y bueno, tal vez si lo complaces lo suficiente, incluso podría convertirte en su am*nte oficial o, lo que es mejor, en una luna. Yo llegué aquí de esa forma”.
“Hallaremos la forma de salvar esta manada, solo dame un poco de tiempo… Yo trabajaré muy duro y…”. Pero Vince me interrumpió, haciendo una mueca.
“No puedo creer hasta qué punto llega tu egoísmo, Cali. Deberías alegrarte de que por una vez en tu patética vida nos serás útil para algo”. Lo fulminé con la mirada, y él continuó bebiendo su whisky y repasando los términos. Los hermanos quieren tener esta manada a su cargo, para evitar una guerra con sus enemigos potenciales, ya que está situada justo en medio de ambos, por lo que, quien la posea, tendrá ventaja. Sin embargo, no entiendo por qué deben venderme cuando podrían hacer un trato con ellos.
De pronto, mi loba me dice que, de cualquier manera, habrían hecho algo para deshacerse de nosotros. Ella odia a este par, pero, desafortunadamente, ni ahora ni nunca pudimos hacer nada, ya que, al ser Vince el alfa de nuestra manada, yo tenía que obedecerlo aunque no quisiera.
“Chasia saldó nuestra deuda e invirtió en la empresa, por lo que ahora estaremos bajo su protección y todo será más fácil”.
“¡Qué orgullosa estoy de ti, hijo mío!”, lo elogió mi madrastra con cara de suficiencia.
“¿Qué pasará con ella?”.
“Uno de los hermanos vendrá a recogerla, entonces dejará de ser nuestro problema”, comentó con indiferencia, como si yo no estuviera ahí. Al tiempo que las lágrimas comenzaron a recorrer mi rostro, fui corriendo a mi habitación y cerré la puerta.
Luego de llorar por varias horas, le mandé un mensaje de texto a mi amigo, Levy.