Chapter 3

PR 962 words

Al ver a aquel hombre alto y s*nsual, d*snudo frente a mí, comencé a sentir un dolor cada vez más intenso en mi vientre. Mi mirada se posó descaradamente en su p*ne, el cual, por cierto, era enorme y bastante largo. Me percaté de que era sumamente musculoso, y pensé que, sin lugar a dudas, hacía mucho ejercicio. Luego contemplé su rostro y, ¡Dios mío!, ¡qué atractivos rasgos afilados tenía este hombre! Sin embargo, mi mirada se concentró en observar sus fríos ojos, de un color gris cautivador, pero que parecían abatidos y sin esperanza. Esto me hizo querer tocarlo y preguntarle qué le sucedía, pero no pude hacerlo. Cuando él también terminó de evaluarme, caminó con aire majestuoso y se detuvo cerca de mí, tan cerca, que sentía el calor que irradiaba su cuerpo, y percibía su olor, mezclado con el de esa mujer con quien estaba teniendo s*xo. Tenía muchas ganas de golpearlos, y mientras apretaba los puños, temblaba de ira.

Pero mi loba interior, gritó mi nombre, haciendo que reaccionara, me estremeciera, y aclarara la garganta. Sin embargo, no pude decir ninguna palabra, pues antes de que pudiera hacerlo, él me cerró la puerta en la cara. Justo entonces me di cuenta, de que mi compañero era el alfa Edward Chasia, el alfa cruel que ni siquiera se preocupaba por mi presencia. Mi respiración se agitó entrecortándose, y cuando mis piernas comenzaron a flaquear, me deslicé contra la pared para sentarme. Acababa de ver a mi compañero, con otra mujer en su cama. Maldije varias veces por dentro, jamás había pensado en tener pareja, pero la sola idea me intrigaba.

Además, estaba segura de que él me odiaba, ¡me di cuenta por su mirada!, aunque, honestamente, eso era una locura, ¡yo no había hecho nada! En ese instante, quería llorar y vociferar a la diosa, ¡pero no tenía ni la voluntad de hacerlo!

“Siento mucho lo que pasó”, dijo una vocecita, y enseguida me puse de pie y miré a la joven que hablaba.

“¡Oh, hola!”. Intenté forzar una sonrisa, pero al ver la expresión de la joven, me di cuenta de que ella sabía exactamente lo que había pasado dentro.

“Me llamo Juanita, la señora Lena dijo que la estaré atendiendo”, dijo sonriendo. Juanita era una chica bastante menuda, con una abundante cabellera que le sentaba bien y unos preciosos y grandes ojos marrones.

“Perfecto, ¿podrías llevarme a otra habitación? De preferencia a una que esté en la segunda planta”. No pensaba quedarme en el mismo piso que el alfa, quería estar lejos de él. Además, no tenía ni idea de por qué este había accedido a que viniera, si estaba claro que no me necesitaba. Los ojos de Juanita se ensombrecieron un poco, indicando que trataba de comprender mis pensamientos y, cuando terminó de hacerlo, negó tristemente con la cabeza.

“Debe quedarse en este piso, señora”.

Supe que intentar discutir era una pérdida de tiempo, pues entendía que esta chica solo seguía órdenes, así que simplemente asentí. Juanita me llevó a una habitación que estaba justo al lado de la del alfa, era enorme y contaba con una cama redonda y una televisión anclada a la pared.

“Estas puertas dan a un balcón y al baño”, me dijo, y yo solo le sonreí y me senté en la orilla de mi cama. Poco después, Juanita se fue, pero antes de hacerlo me informó que vendría a avisarme cuando la cena estuviera lista y me recomendó que disfrutara la habitación. No obstante, mi mente solo divagaba sobre las posibilidades que había de que las cosas funcionaran con el alfa cruel.

Justo después, le pregunté a Lia, mi loba, si estaba bien.

Ella me respondió que sí y me hizo la misma pregunta, sin embargo, no pude responderle. Suspiré y me recosté en la cama, honestamente no estaba nada bien y sentía que toda esta situación había ocurrido de una forma muy repentina y precipitada. Una vez estuve en la manada de mi padre, era infeliz viviendo ahí con Evelyn y con su hijo Vince y luché contra ellos, y ahora estoy aquí, en una manada extraña y tengo un compañero al que le importo una m*rda.

Por fin, me decidí a responderle a mi loba que estaría bien, y de verdad lo haría, ya que no soy una mujer débil, por el contrario; entrené mi mente para ser fuerte y él no lograría doblegarme. Con este pensamiento, me levanté de la cama y fui hacia el baño personal de mi recámara para ducharme. Tomé una ducha larga y lavé muy bien mi cabello usando todos los productos que encontré dentro, hacía bastante tiempo que no lo hacía. Cuando terminé, me puse un pantalón y una playera y revisé mi celular. Me percaté de que tenía un mensaje de texto de Levy, quien me informaba que Evelyn había organizado una fiesta para celebrar el trato que lograron hacer con los Chasias.

Unas horas más tarde, alguien abrió la puerta de mi habitación, era Juanita, que entró con un rostro alegre y anunció:

“¡Hola, Luna! Vine a avisarte que la cena está lista”. Así, mientras agarraba mis zapatos, mi corazón comenzó a latir con fuerza. Seguí a Juanita al comedor, y al llegar, vi que ya estaban sentados cuatro hombres intimidantes y con un usual aspecto poderoso: eran los hermanos Chasia.

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