Se levanta Inmaculada activamente y prepara el desayuno, Ángel está cansado por tanta actividad con su esposa. Sale de la ducha, y entra Inmaculada a la habitación, con una bandeja de comida. Él esboza una tierna sonrisa diciendo:
—Eres un manojo de virtudes, mi santa. Pero, ya hablé con mi secretaria...