—Mi amor, ¿por qué vienes tan golpeado? Ya basta Ángel, tienes que parar con todo esto. No quiero perderte—asienta Inmaculada con desesperación y se abraza con fuerza a su pecho.
—No me perderás cariño.
—Tan solo mírate, ¿quién fue el desalmado que te golpeó tan fuerte?
—Mi padre.
—¿Cómo, no estaba muerto?
—No, volvió y...