—No me quiero levantar—refunfuñé contra el pecho de Rámses.
—Pero tenemos que hacerlo si no quieres conocer a un Fernando O'Pherer muy estresado. Odia las mudanzas y llegar tarde a los aeropuertos.
Como si lo hubiese invocado Fernando tocó en la puerta del cuarto: —Chicos, hora de levantarse.
Rámses sonrió y se levantó...