Juliana ladeó su rostro y sonrió al verlo tan cerca, él no iba a lastimarla, lo sabía.
—¿Por qué no ser amantes? — sugirió ella. —quédate con ella si eso quieres, pero déjame entrar en tu cama. — suplicó.
Massimo la miro con asco y desprecio. — Eres patética. — arrastró...