Las náuseas despertaron a Luggina, que salió corriendo al baño, sentada en el suelo y con la cabeza casi metida en el escusado, sentía que su mundo era como la ruleta de la fortuna,
Se levantó, se duchó y cepilló sus dientes.
Miguel Ángel ya estaba esperándola con el desayuno servido.
— ¿Como...