Narra Alondra Ferreyra
Ese día que me separé de David, me sentía desecha y muerta en vida. Desde que empezamos a andar juntos nunca habíamos tenido que separarnos y todo el camino a casa no pude evitar llorar. Mi padre, por supuesto lo notó y quiso que lo habláramos.
–Sé qué piensas...