—Parece que soy más listo que mi preciosa mujer —dice tomándome de los tobillos.
—¡Serás arrogante!
—No, sólo digo la verdad. Verás, yo me había dado cuenta de que me estaba enamorando de ti
mucho antes de aquello.
Hago un mohín.
—¿Y eso te hace ser más listo que yo?
—En efecto. Mientras tú huías de...