Se me parte el corazón. Me despego de su cuello y me incorporo. Tengo que verle la cara.
—¿Se te fue de las manos?
Enarca las cejas.
—¿A mí? ¡No! Yo me tomé unas cuantas, pero Jake no dejaba de beber chupitos como si se
acabara el mundo. Prácticamente tuve que sacarlo de aquella...