—¡No! —Me apoyo en el reposacabezas y cierro los ojos. He entendido esa frase lo suficiente como para desafiarla. Me sorprende conservar aún algo de coherencia.
—Eres encantadora, pero también te pones muy tonta cuando estás borracha —gruñe.
—Me alegro —repongo con arrogancia.
Arranca el coche y las vibraciones del motor empiezan...