—Estoy hecha polvo. Necesito un subidón de azúcar —digo. Es lo mejor que se me ocurre.
—Pareces cansada. —Se sienta y me estudia detenidamente.
—Es que lo estoy. —Es la verdad. No necesito retorcerme el pelo.
—¿Por qué?
—Mucho estrés en el trabajo. —Es una media verdad, y tengo que esforzarme para mantener las
manos...