Busco en mi cerebro el nombre de la calle perpendicular a la consulta y sólo se me ocurre uno:
—Jardines de Luxemburgo, Hammersmith —digo mirando por la ventanilla.
—Vale —contesta en voz baja.
Sé que me está mirando. Debería girarme y plantarle cara, obligarlo a que se explique mejor, pero me puede...