—Hola, señorita Addison, ¿qué tal?
Tomás llega a la mesa, todavía sonriendo y con ese hoyuelo en la cara. La verdad es que es muy mono, tiene el pelo desaliñado y los ojos brillantes. Lleva puestos unos vaqueros, nada que ver con su uniforme habitual.
—Bien, Tomás, ¿y tú? —Apuro...