Un solo beso y me he rendido. Soy blanda y débil.
Se
aparta y me deja jadeando y sintiendo el violento furor de su pecho presionando
contra mi esternón. Apoya la frente contra la mía y su aliento fresco invade al
instante mis orificios nasales.
—Eso
es —jadea con seguridad. —Sí, ya has vuelto...