—Nena, por favor, no llores cuando no puedo hacer nada para remediarlo. —Oigo que intenta
mover el cuerpo y al instante comienza a encadenar un montón de maldiciones—. ¡Joder!
—¡Deja de moverte! —lo reprendo, y me seco la cara antes de empujarlo suavemente por los
hombros.
No me discute. Se relaja de nuevo sobre...