—¿Cuántos años tienes? —susurro acariciándole los labios con los míos.
Levanta la cabeza intentando buscando un mayor contacto pero yo me aparto. Me lanza una mirada asesina y deja caer la cabeza.
—Treinta y tres —jadea, y luego gime de desesperación cuando vuelvo a mover las caderas en círculos encima...