Sacude un poco la cabeza, como si estuviera intentando borrar un pensamiento horrible, me toma en brazos, me lleva a la encimera y me sienta sobre el frío granito. Se abre camino entre mis muslos.
—¿Has dormido bien?
—Genial.
¿Por qué tiene cara de haber recibido muy malas noticias?
—¿Te encuentras bien?
Me regala...