—¿Lily, la megazorra? —inquiere, muerta de asombro.
—Sí —digo, y asiento con la cabeza por si la palabra no logra salir de mi boca—. Él estaba arrodillado, Lucas, como una especie de esclavo sumiso. —Rompo a llorar de nuevo; el horrible recuerdo de mi hombre fuerte y seguro de sí mismo...