Parece muy cabreado y ahora tengo que soltarlo. ¿Qué hará? Elaboro una lista con mis opciones. No tardo nada, porque sólo tengo dos: soltarlo y aceptar mi castigo o dejarlo esposado a la cama para siempre.
Lo observo con los ojos muy abiertos y recelosos y él me lanza miradas...