Me mira con una ceja enarcada y baja el volumen de la música con los mandos del volante.
—Desde que tenía veintiún años.
—¿Tan joven? —pregunto, y mi tono evidencia mi sorpresa.
Él me sonríe.
—Heredé el hotel de mis padres.
—¿Fallecieron?
Su sonrisa desaparece.
—Sí.
Vale, ahora quiero saber más.
—Lo siento mucho. —Un silecio nos rodea...