—Eso espero, ¡vives allí!
Pongo los ojos en blanco. Cómo no.
—Te veo luego.
—¿A qué hora? —me presiona.
—Más o menos a las seis.
—Más o menos —repite—. Te quiero, nena.
«...»
—Lo sé.
Cuelgo y subo los escalones que llevan a la puerta principal del restaurante para verme con mi publicista.
Estoy demasiado ocupada como para...