Noto que me agarra del brazo. Yo tiro de él con brusquedad para soltarme y sigo poniéndome la ropa interior, los vaqueros y la camiseta.
—No quiero que te vayas. —Su voz se ha suavizado.
—No seas idiota, Nick. No puedes encerrarme aquí como a una esclava sexual. Seguro que...