—¿Por qué me tratas con tanta ternura? —digo acariciándole el cuello con la nariz entre mordiscos y lametones.
—Sexo somnoliento —gime.
—No quiero sexo somnoliento.
No va a producir el efecto deseado. Sí, me correré, gemiré de placer y me estremeceré en sus brazos, pero necesito gritar de gusto. Necesito un buen mete...