—¡Tengo la tensión perfectamente! —espeto con petulancia, aunque sospecho que acaba de
ponerse por las nubes—. ¿Doscientos mil? ¡Ningún banco en su sano juicio prestaría tanto dinero
para montar una escuela de surf!
Los bancos australianos deben de funcionar de la misma manera que los británicos. Se echarían
a reír a carcajadas si alguien...