Me coloca sobre la encimera y se abre paso entre mis muslos, me toma los brazos, se los coloca sobre los hombros y vuelve a agarrarme de la cintura.
Me estudia los ojos.
—¿Estás bien?
Yo sonrío ante su atractivo rostro. ¿No es un poco tarde para preguntar eso?
—Sí.
—Bien. —Se inclina...