—Pero no puedes. El daño ya está hecho. —Mi voz rebosa desprecio.
Me mira.
—El daño será mayor si me dejas.
«Por Dios».
—¡Fuera!
—No. —Sacude la cabeza con desesperación y da un paso hacia mí—. Addison, por favor, te lo suplico.
Me aparto de él y consigo poner cara de decisión. Trago saliva sin...