—Ah —dice con calma, y me insulta aún más cuando sonríe tan pancho—. ¿Té?
—No —respondo con frialdad y sin devolverle la sonrisa—. Aunque estaría bien que me dieras una explicación.
Sé que debo de haber levantado las cejas y que parezco una madre quejica, pero no voy a ceder.
Esta vez...