—No quiero que me anotes a lápiz. El lápiz puede borrarse. —Lo dice con suavidad y confianza. Levanto la mirada de la agenda y veo un rotulador negro permanente ante mis narices—. Todos los días —añade tan tranquilo.
—¿Cómo que todos los días? ¡No seas idiota! —le suelto con una...